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Plaza de Toros en Bogotá

#FreeDeniz ya!

 

El reconocido periodista alemán Deniz Yücel, de ascendencia turca, quien se encuentra en prisión preventiva en Estambul, bajo acusaciones judiciales de propaganda terrorista y amotinamiento del pueblo, es otro recuerdo del camino de la República de Turquía hacia la censura y dictadura. Yücel fue detenido desde el 14 de febrero, por casi dos semanas sin cargos definidos, lo cual es legal en Turquía según el extendido estado de excepción sancionado después del “golpe de estado” en julio de 2016.

El caso de Yücel es sólo el ultimo episodio en el intento del Presidente Erdogan de deshacer la libertad de prensa y expresión, requisito para instalar un nuevo “imperio otomano”. Desde julio, el gobierno ha cerrado o temporalmente suspendido más de 100 empresas mediáticas; unos 150 periodistas se hallan encarcelados en Turquía, de los cuales al menos 49 detenidos en relación directa con sus actividades informativas, igual que Yücel.

Y qué hacen los europeos y, más importante, las autoridades alemanas en vista de la caída de la democracia y el estado de derecho en su país vecino? Muy poco. La Unión Europea está en un apuro: Con el acuerdo turco-europeo sobre el flujo de los refugiados firmado, diseñado para limitar la llegada de desplazados de Siria y otros países a las fronteras europeas, lo cual es políticamente clave para los gobiernos del viejo continente en temporada de elecciones generales, Bruselas teme afrontar a Erdogan directamente. Él mismo ya había amenazado con anular el tratado.

Berlín, por otro lado, tiene la responsabilidad (moral) de reaccionar: Yücel es ciudadano alemán (y turco). Hasta ahora la Cancillera Merkel solamente ha condenado el arresto y la acusación ridícula, diciendo que es una “medida excesivamente fuerte, particularmente porque Yücel se presentó voluntariamente a las autoridades otomanas”. El ministro del exterior, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, admitió en un anuncio de prensa abiertamente que su ministerio no ha hecho nada durante las dos semanas de captura inicial de Yücel.

Lo que los medios interpretaron como una convocatoria oficial del embajador turco en Alemania fue corregido por el Ministerio del Exterior en el mismo anuncio y por Twitter: Se trata de una invitación informal para explicarle al embajador la posición oficial del gobierno alemán, nada más. Y con razón, los comentarios por Twitter criticando con fuertes palabras la actuación pasiva del ministerio.

Amenazar con ejercer presión económica, y no sólo palabras, debería ser la respuesta de Berlín. Es el enésimo caso de la desintegración del estado de derecho turco, cabe destacar que Ankara, en un acto de limpieza de voces criticas, también ha echado miles de profesores públicos durante los últimos meses, y nadie puede esperar que Erdogan cambie su política interna por unos tuits innocuos del gobierno alemán. Especialmente porque Yücel supuestamente utilizó material explosivo, mails “leakeados”, en su trabajo periodístico que incrimina al yerno del Presidente turco.

Parece que la resistencia contra la construcción de la dictadura es, otra vez, la sociedad civil, incluso famosos artistas y periodistas. Bajo el hashtag #FreeDeniz miles de personas se han sumado a las protestas en Alemania, enfrente de la embajada turca, en las calles de las ciudades principales, en las redacciones de los periódicos. Otro acto de protesta llamativo ha sido el desfiles de autos pitando que se realizó esta semana en una serie de localidades germánicas.

La oposición política alemana, particularmente los Verdes y los Liberales, denuncian la pasividad de la cancillería. Sobre todo, políticos con raíces turcas intentaron conseguir acceso al encarcelado, sin éxito.

Si algo positivo sale del caso Deniz Yücel, es eso: De repente, defender la libertad de prensa y expresión se convirtió en un tema nacional relevante para las campañas electorales, en una época que ve el ascenso de la derecha extrema con su tendencia de subvertir los medios tradicionales. Esperemos que #FreeDeniz sea no sólo una muestra de la paralizante geopolítica, sino también del funcionamiento de una sociedad civil que sabe defender sus derechos y libertades fundamentales.

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